Eric Gill
¶ Leo Un ensayo sobre tipografía de Eric Gill (Campgràfic Editors). Eric Gill fue el típico excéntrico británico (y perverso); también católico (dominico terciario), lo que se nota en sus reflexiones sobre la moralidad del trabajo.
¶ Lo mejor del ensayo, su defensa de la composición en bandera, para huir del lecho de Procusto que suponía la composición justificada: Gill sostenía que las letras y las palabras debían recibir un trato igualitario, de modo que pudiesen ejercer su derecho a distribuirse como dispusiesen las circunstancias en cada caso y a no ser obligadas a encajar dentro de formas fijadas de antemano.
¶ Para adornar, una xilografía suya de 1929, Eva. Y también unos calderones para separar los párrafos.
5 comentarios
Maldemus
A mí también me parece más fácil leer un texto con espaciado uniforme en líneas de longitud desigual que lo contrario.
el zurdo
Cada día molan más y resultan más vigentes estos visionarios de UK que aúnan religión y morbosidad (Blake; Vaugh; Chesterton; Wilde, cuyos escritos más excitantes son los menos mundanos, como el DE PROFUNDIS, el SALOME y algunos de sus cuentos; los prerrafaelistas o este señor, que parece también bastante peculiar).
En un Occidente terminal y mundofelicista regido por tediosos binomios zapaterólicos y profanadores, la religión (acción de religar) en apasionada coyunda lo Divino con lo Terreno es necesaria no sólo por razones de categoría sino por elevar la calidad de nuestra anécdota cotidiana.
Manuel Sesma
Este personaje siempre me pareció interesante. Desconocía su vertiente religiosa, pero nada me extraña.
En plan cotilleo, pero enlazando con su carácter perverso, es intrigante la extraña relación que tuvo la pareja Morison-Warde con Gill como vértice del triángulo…
Él estaba claramente “colgado” por la mujer bellísima, inteligente, culta y con carárter que fuera compañera en concubinato del Mesías del Reformismo británico.
Son muy elocuentes los dibujos y grabados que realizó Gill tomando como modelo (imagino que no del natural) a Beatrice Warde, y es curioso a su vez que, de la caterva de tipos de palo seco que proliferaron durante la primera mitad del siglo XX, Stanley Morison sólo salvase de la quema la Gill Sans. Una actitud ésta que es manifiestamente disonante con la personalidad de aquel al que denominaban el predicador, no sólo por su costumbre de vestir siempre de negro, sino por su carácter dogmático y a menudo intolerante.
Me imagino la Monotype londinense de entonces como uno de los mayores contubernios de la tipografía contemporánea… ¡Qué tiempos aquellos!
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