Genius y Daena
Me gusta Roma, sus dibujos de pollas eyaculando y sus cultos piadosos; me da la impresión de que todos los aspectos del mundo antiguo, el que menos podemos entender hoy es el del culto: nuestro sentido de la utilidad lo hace imposible.
Estoy leyendo un libro de un filósofo italiano que se llama Giorgio Agamben, «Profanaciones». Hay un ensayo allí titulado Genius. Los latinos llamaban Genius al dios al que viene confiada la tutela de cada hombre en el momento de su nacimiento. En la angelología iraní descubro algo parecido:
El nacimiento de cada hombre está presidido por un ángel llamado Daena, que tiene la forma de una niña bellísima. La Daena es el arquetipo celeste a cuya semejanza el individuo ha sido creado y, al mismo tiempo, el testigo mudo que nos espía acompaña en cada instante de nuestra vida. Sin embargo, el rostro del ángel no permanece inalterable en el tiempo, sino que, como en el retrato de Dorian Gray, se transforma imperceptiblemente a cada gesto, a cada palabra nuestra, a cada pensamiento. De este modo, en el momento de la muerte, el alma ve a su ángel, que según la conducta de su vida viene a su encuentro transfigurado en una criatura aún más bella o en un demonio horrendo, y que susurra: «Yo soy tu Daena, la que han formado tus pensamientos, palabras y actos.»
Buf.
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6 comentarios
Maldemus
No quiero ni pensar cómo será mi Daena.
jesús
Ùltimamente siento como si los romanos fueran los primeros hombres-bala de la historia. Su inercia la hemos ido retroalimentando y ahora estamos proyectados a toda velocidad pero sin elegir el rumbo.
Me gusta imaginarme a los egipcios como la cultura que eligió la lentitud en contraposición a la velocidad descontrolada. 6.000 años de lentitud, una cultura del opio y la cerveza, del sol y la magia.
Juanjo
Hola Jesús.
Yo pienso algo parecido, en Roma como el origen de muchas cosas que ahora se han convertido en un buen problema. Roma no es Grecia. Ojalá fuésemos más griegos que romanos.
Corbin
El mito iranio de Daena es probablemente uno de los más hermosos símbolos del alma humana que existen. No comprendo los comentarios cínicos tan en consonancia con esta época nihilista. No sé si Daena obedece a una realidad o no. Lo que sí sé es que la idea es bellísima y que el cinismo de los que la ridiculizan se volatilizará, ese sí, con toda seguridad, ante las puertas de la muerte. Os deseo, sinceramente, lo mejor. Y espero que nos reencontremos en el paraiso.
Ananda Koomaraswamy
Hola Henri,
lamentablemente no creo que nos encontremos en el paraíso, porque no existe nada más allá: la eternidad es ahora, en una serie de instantes eternos. De los mortales es propio lo mortal. Aspirar a algo que pertenece a los dioses, no nos convierte en divinos, sino en bestias.
Un saludo.
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