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Idiota y político

Werner Jaeger, en Paideia:

«Cada cual pertenece a dos órdenes de existencia y hay una estricta distinción, en la vida del ciudadano, entre lo que es propio (ἲδιον) y lo común (κοινόν). El hombre no es puramente “idiota”, sino también “político”.»


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lunes, 7 de mayo de 2007

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2 comentarios


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Maldemus

Entonces, según esto, ¿es Aznar más idiota que político? Lo digo por lo del vino del otro día.



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el zurdo

Les remito (y para que estén todas, no sólo Aznar) a estas reflexiones elderlyanas publicadas en mi web (y la de Juanjo, el día que se anime a colaborar) LINEA DE SOMBRA:

“Momentos después de que E.T.A. aportase su inestimable contribución a la reconstrucción del «consenso» democrático tirando abajo el opulento parking de la terminal 4 de Barajas, cumpliendo así con la tarea de Goldstein orwelliano que se le asignó en el pacto de la transición –sin el cual, no nos engañemos, ni unos ni otros podrían vivir–, el noqueado jefe del socialismo español apareció teatralmente aturdido, con esos ademanes de hombre justo para quien la realidad va muy por detrás de sus ideas. Dejando a un lado el hecho de que los caídos hayan sido en este caso carne de cañón no muy distinta, para el frío rasero economicista, de la que fue despedazada en los trenes del 11-M, y que no despierta tantas adhesiones como la eliminación de un periodista, político o capitán general (y a propósito de lo cual parece absurda la movilización de plañideros “latinos”, cuando sus compatriotas están cayendo en los andamios y zanjas de la construcción española con una mortalidad mucho mayor, dentro de la estrategia de terrorismo laboral que se enseñorea en este no-país, sin que digan ni mú), la figura de ZP, a quien en el fondo han hecho un favor, aparece revestida de una inocencia turbadora. Donde la imbécil ineptitud de Rajoy ve un “estalinista”, yo me apresuro a reconocer un idiotismo noble. Cuando hasta sus votantes se sienten perplejos por los derroteros de este utópata, es hora de hacer una aproximación seria al personaje.

Según Peter Sloterdijk, corresponde a Dostoievski y Nietzsche el haber introducido el concepto de idiota en el discurso religioso de nuestros días. El mérito conceptual del hallazgo, por llamarlo de alguna manera, se materializa más claramente si se contrapone a la noción de ángel. La vieja Europa ha acuñado una tradición religiosa llena de manifestaciones en las que participa la figura del ángel. Pero junto a ésta, hay también otra figura que interviene en la vida humana: la del idiota. Para Dostoievski y Nietzsche, el idiota lleva consigo una carga crística, y con dicho término pretenden caracterizan la misteriosa tipología del salvador.

Hasta ese momento las figuras redentoras se asimilaban al modelo de ángel o mensajero, un «enviado» a los hombres con una misiva trascendente para liberarlos de la necesidad física y la perdición moral. Si el ángel es un mensajero potenciado, la cristología helenizada introdujo el delante de considerar que el mensajero no sólo trae la «nueva», sino que es la nueva misma. La cristología clásica, con el apogeo de los enviados, pertenece a una visión del mundo caracterizada por el dogma del remitente fuerte, un ser absoluto que acapara tronos, fuerzas y poderes, y en el cual convergen el dios de los filósofos y el bíblico.

Pero la modernidad fractura esta metafísica del remitente, y en adelante la teoría angélica del salvador como enviado entrará en crisis: la inflación de remitentes y de enviados hará que ninguno de estos pueda afirmar su preeminencia. Quien desee influir sobre los hombres de forma liberadora, ya no podrá hacerlo como un enviado portador de un mensaje trascendente, sino más bien como un ser humano diferente, no obstante, de los demás. Dostoievski fue el primero en reconocer la ocasión de trasvasar la figura crística de la angelética a la idiótica: «el Dios presente no puede alcanzar a los mortales como enviado, sino sólo como idiota», dice Sloterdijk.

El idiota es el ángel sin mensaje, sin distancia de los seres que le rodean. Sus apariciones son escénicas, no tanto por su trascendencia sino porque en una sociedad de estrategas del ego él atesora una ingenuidad y una benevolencia inesperadas. «Pertenece, así, sin reservas, al mundo moderno, pues si la jerarquía pertenece al ángel, el rasgo igualitario pertenece al idiota (...) Las jerarquías de idiotas desconciertan».

Nada más inapropiado, pues, que ver en Jesús una figura heroica de rasgos épicos sino, como apunta Nietzsche, una mezcla de sublimidad, enfermedad e infantilismo. La categoría médica para este Salvador sería la de idiota.

Si en el esquema angelético el salvador se presenta respaldado por un remitente fuerte que mueve a los hombres gracias a la noticia de la que es portador metafísico, en la idiótica el salvador es un don nadie. Para sus contemporáneos, sus manifestaciones son puerilidades y su presencia nunca compromete. En su renuencia a desplegar el yo hay una disposición a ser tan sólo un complemento del otro. Su bienintencionada disposición a ser un acompañante servicial, crear una intimidad en las que los sujetos pierdan sus rasgos y se constituyan de nuevo, parece ser su misión verdadera, antes que transmitir una misiva, dotando a su bondad de una cualidad transfiguradora.

Hay que apostar por nuestro idiota al cargo. Si en todo este jaleo unos y otros no han sabido encontrar acomodo en la confortable placenta pacificadora de ZP, allá ellos. Pero los tribunos con clámides de Elena Benarroch son el rasgo contento de nuestra postmodernidad.”



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