La economía del fraude inocente
Ayer leí La economía del fraude inocente, un librito del economista John Kenneth Galbraith empeñado en demostrar cómo la economía y los grandes sistemas económicos y políticos cultivan su propia, elegante y académica versión de la verdad que tiene que ver bastante poco con la realidad; y explica esta idea a través del trabajo, la burocracia corporativa, el mito de los sectores público y privado, la pretendida soberanía del consumidor y la política exterior y militar.
«Los logros artísticos, literarios, religiosos y científicos que constituyen lo mejor del pasado humano surgieron en sociedades en las que tales avances eran la medida del éxito. El arte de Florencia, la maravillosa creación que es la ciudad de Venecia, las obras de William Shakespeare, Richard Wagner o Charles Darwin, surgieron en comunidades con con un PIB muy bajo. Fue una suerte que se tratara de sociedades libres de las limitaciones impuestas por el marketing y la respuesta pública dirigida. Hoy sólo podemos hallar indicadores del desarrollo humano más convincentes que el dinero en aquellos ámbitos protegidos de la cultura, el arte, la educación y la ciencia.
»No se trata de apelar aquí a absolutos. Es un hecho que cultivamos y celebramos las artes y las ciencias y sus contribuciones a la sociedad y a aquello que pensamos que es valioso y digno de ser disfrutado en la vida. Medir el progreso social casi exclusivamente por el aumento en el PIB, esto es, por el volumen de producción influida por el productor, es un fraude, y no es pequeño.»
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3 comentarios
Maldemus
Juanjo, has leído la crítica que hace del libro Manuel Pimentel:http://www.cincodias.es/articulo.html?xref=20041201cdscdiopi_2&type=Tes&anchor=cdsopiE00
rebecca milans
que pristino parece todo en ese planteo, claro y directo al estomago, como una buena patada. la defincion de fraude es perfecta. buscare el libro porque me gustaria saber que otras perdidas de libertad denuncia. como siempre, su blog es un oasis para nosotros, sus adeptosCarmelo
¡Ala, otra vez, el trillo (con perdón) por las piedras! A veces tengo la sensación de que cada vez que un oligofrénico, respaldado por algún grupo empresarial poderoso, véase Bush o Zapatero gana las elecciones “otros”, normalmente “los otros”, se ponen nerviosos y comienzan a denostar el sistema. No es serio decir que la publicidad coarta nuestra libertad, que la acción de uno sólo no tiene importancia, luego empiezan con lo de: –Necesitamos un líder bueno que nos dirija-. Todo esto, me recuerda la fábula del incendio del bosque y el colibrí. Pero ahora tengo que salir corriendo a comprar el libro y después lo leo y luego... luego seguramente me arrepentiré de lo dicho.Comentarios cerrados
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