Los baños de Apolo
Ya he vuelto de mis semi vacaciones muy, muy contento. Estoy descansado, tengo buen color y los brazos con calcomanías; he disfrutado de las cosas tranquilas: creo haber estado cerca de la felicidad con mi baño diario en el agua fría de nuestra desierta playa secreta, con los últimos rayos del día filtrándose entre los árboles, mientras me imagino que rezo agradeciendo a los Inmortales los riquísimos dones —estuve leyendo a Píndaro— y Margó me espera alegre en la orilla para secarme con una toalla azul y marrón. Los baños de Apolo, como todos empezaron a llamarlos: «Juanjo, ¿no vas hoy a los baños de Apolo?»
Arriba, Álex —¿o es Anxo?— burlándose de mis fantasías helénicas.
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3 comentarios
ARP
Feliz vuelta de vacaciones. ¿Qué traducción de Píndaro usaste? Yo le tengo mucho cariño a la de Cátedra de Emilio Suárez de la Torre.
Juanjo
@frank: es una habilidad innata, sí señor.
@ARP: ¿ya has vuelto de Valladolid? ¡Me gustó tanto lo del cierzo, solano, ábrego y regañón!
Me acordé mucho de ti el otro día; pude visitar, gracias a un amigo que trabaja allí, los Archivos de la Catedral de Santiago, son increíbles.
Sobre lo de Píndaro: la traducción que tengo es la de Alfonso Ortega, en Gredos. No sé que tal está, porque me imagino que traducirle es especialmente difícil, no sé.
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