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Espacialidad

Pierre Verger, huecograbado. 1902 Estoy empezando a leer un libro de Tetsuro Watsuji, Antropología del paisaje. Climas, culturas y religiones., traducido por Juan Masiá y Anselmo Mataix, en Ediciones Sígueme. La idea es estudiar la existencia, no sólo desde la categoría de la temporalidad, como hizo Heiddeger, sino también desde la espacialidad: una climatología del espíritu o algo así.

Según Watsuji, hay determinadas características climáticas que determinan el ser y nuestra relación con la naturaleza: aceptación y sumisión en las zonas monzónicas, donde las fuerzas naturales son tan violentas —y a la vez, vivificantes— que hacen imposible cualquier tipo de oposición; o lucha en las zonas desérticas, donde, para vivir, el hombre ha de combatir y enfrentarse a la amenaza de otros hombres para sobrevivir; o dominio sobre la naturaleza, como en las zonas intermedias en las que vivimos.

Un párrafo sobre la humedad:

La humedad significa violencia de la naturaleza. La humedad, junto con el calor, ataca a menudo al hombre con furia salvaje, en forma de lluvias torrenciales, tifones, inundaciones, sequías. Es una fuerza tan descomunal que hace al hombre renunciar a la resistencia y lo convierte en sumiso. La sequía del desierto amenaza de muerte al hombre, pero no lo ataca con la misma fuerza que le da la vida. El hombre puede oponerse a semejante amenaza de muerte con la fuerza de la propia vida. La sumisión significaría en el desierto sumisión a la muerte. Por el contrario, la tiranía de la naturaleza en las regiones húmedas lleva consigo una violencia de muerte por parte de la naturaleza. La muerte está del lado del hombre. La fuerza de la vida que afluye trata de expulsar a la muerte latente en el interior del hombre. El hombre, con la fuerza de vida propia, no puede oponerse a la fuerza que es origen de esa vida. La sumisión es aquí sumisión a la vida. También en este sentido es lo opuesto a la sequedad del desierto.

En Sígueme hay un extracto en PDF. Para adornar, una fotografía de Pierre Verger.


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viernes, 14 de septiembre de 2007

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5 comentarios


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conde-duque

Pues tiene muy buena pinta… Últimamente estoy muy atraído por el arte japonés.
Una pregunta, Juanjo: así, en general, de cultura japonesa, sobre todo de arte (de pintura y dibujos) y de poesía (haikus y esas cosas), ¿qué libros me recomendarías?
Un saludo



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Juanjo

Hola Conde-duque,

pues no sé si seré yo la persona adecuada; no conozco bien el tema, y casi todas mis lecturas son desordenadas y, al final, tienen bien poco que ver con lo oriental. Por ejemplo, Mishima, que me da que es más occidental que otra cosa.

De todas formas, iré haciendo una lista personal y la publico… Y estaría muy bien que cualquier persona más cualificada anotase aquí sus sugerencias.



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Amio Cajander

Muy interesante visión.

Ahora leela mirando fijamente por ejemplo esta foto

Es una fuerza tan descomunal que hace al hombre renunciar a la resistencia y lo convierte en sumiso

y en algunos casos mas que descomunal podríamos decir implacable, constante…¿?



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Tideida

Bueno, pude comentar desde el trabajo. Desde casa no puedo porque me dice que mi IP está bloqueada.
Antes que nada, entrego las felicitaciones de rigor por el blog, como nuevo lector.
¿Esto de la determinación del caracter por las características climáticas o paisajisticas no es muy siglo XIX occidental o mi me parece?



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Juanjo

@ Amio: implacable, y además, a la que no se puede uno oponer, porque a la vez es la que origina la vida exuberante por allí.

@ Tideida: perdón por lo de la IP, no tengo ni idea de lo que puede estar pasando… En principio no tengo ninguna IP bloqueada, aunque sí que tengo un flirto antispam… no sé.
Sobre lo que comentas, no lo sé explicar bien: creo que no se trata de que el clima o el paisaje determine el carácter o la cultura humana, sino que ambos aspectos no pueden existir el uno sin el otro. La idea de que existe cultura por un lado y naturaleza por el otro es algo muy occidental y reciente (desde Descartes, vamos).



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